lunes, diciembre 21, 2015

Una de herramientas para llevar en la moto

Leyendo el otro día en el apartado de Morini del foro de La Maneta sobre herramientas, me encontré con un post donde mi amigo Norbert hablaba de que el único modo de hacerse una llave de bujías para alguna de ésas motos era montarse un apaño sobre una carraca de la marca Wera; concretamente el modelo Zyklop Mini. Y como siempre ando buscando optimizar el peso para la riñonera que uso con las motos en el campo (o cuando voy de viaje con la Impala), me puse a investigar. 

El cacharro me pareció de lo más apetecible:



No llega a 9 centímetros de largo, se pueden usar con él vasos de 1/4 de pulgada, y soporta "más de 65 Nm", que vienen a ser casi 7 Kgm. Mucho más de lo necesario para una culata de Montesa, que se queda en 3,5.

Así que me fui a Amazon, vi que se podía comprar por algo más de 20 euros, pero me encontré con un juego completo con puntas y vasos que me dejó enamorado. Y se vino a casa por 55 mortadelos.




Mide más o menos 15x8x2 cm y no pesa demasiado (420 gramos más o menos). Aunque en realidad es un exceso para mis necesidades, porque con un destornillador plano, un estrella, alguna llave allen, y algunos vasos voy más que servido.


Lo malo es que ahora me da tanta pena deshacer el juego para llevar sólo una parte en la moto que acabaré comprando de nuevo el juego a trozos. :-)


¿Alguien sabe dónde puedo localizar un vaso de 17 mm para cuadradillo de 1/4 de pulgada?

domingo, noviembre 15, 2015

La Cota 247 CG, seis años después

Allá por un Noviembre de hace seis años, entraba en casa una de las motos más mencionadas en este blog: la Cota 247 MkI de mi amigo José María Domínguez, rebautizada por alguno de vosotros como la "Cojones Grandes" por la cantidad de guerra que ha dado desde entonces.

Entre otras cosas, resultó tener arandelas extra entre los piñones del cambio, fue a Cataluña y volvió como estaba, se le tuvieron que poner cárteres centrales nuevos que nos suministró nuestro añorado John Haberbosch ... y mil cosas más que nos hizo la puñetera. La última, cuando la tuve lista para salir al campo a probar hace unos meses, fue pincharse de delante.

Y, la verdad, como José María estaba con un cabreo sordo con ella, nunca llegamos a ver el momento de arreglarle la cámara ... hasta que el fin de semana pasada su sobrino Álvaro pinchó la trasera de la Cota 330, y ya que íbamos a acercarle una rueda a Jesús, le convencí de que llevara también la delantera de la CG.

Así que al cabo de media hora de llegar a la Estepa entre un nieblón de los que hacen época, el patio de casa tenía esta imagen: la 330 al fondo subida a un elevador, y la 247 sobre uno de los caballetes que empleo para dejar las trialeras en el garaje sin que sufran las ruedas (en concreto, el de la foto es el que hicimos para la Ossa TR 250, que es mucho más alta que la 247).




Mientras JM y Álvaro se iban a casa de Jesús con las ruedas, servidor aprovechó para ponerle un condensador de electrónica a la Cota 200, que había fallado de encendido el último día que salimos al campo, y para poner una aguja JJH en el carburador Keihin de la Ossa TR 250 para probarla en el campo con algo de tiempo. Y es que, como dice Nacho, el tiempo en la Mancha cunde una barbaridad.

La 200 quedó fantástica en media hora. Es impresionante lo bien que va el invento del condensador moderno. Se pone sin quitar siquiera el antiguo, en la zona de la pipa de dirección, y te deja con la moto que parece otra. Creo que los microfaradios que marcan son de verdad, frente a los valores "indicativos" de los antiguos, que dan un resultado penoso. No sé si os pasa lo mismo, pero a mi los "originales" cada vez me duran menos.

Y como al acabar con la 200 no habían vuelto las ruedas, metí mano al carburador de la Ossa TR80 250, a la que puse la aguja, y arranqué de nuevo. Va bien, pero no termina de estar tan redonda como quisiera. Me da la sensación de que es por exceso de difusor. No estoy 100% seguro, pero en los lugares donde he visto adaptar estos carburadores a trialeras, suelen decantarse por difusores entre 24 y 26 milímetros en lugar de los 28 que estoy empleando yo. Habrá que seguir investigando y apurando las posibilidades con el actual antes de decidirse a cambiarlo por otro ... que igual me lío la manta a la cabeza y le atizo un genuino "Pacco" que tengo guardado en un cajón. Que para quienes no lo conozcáis es una copia india del Mikuni VM.

Está claro que si uno quiere entretenerse, nada como agarrar un carburador desde cero para una moto. :-)

Pero como JM volvió con las ruedas, no me dio más tiempo a hacer inventos, con lo que le echamos valor y salimos al campo con Álvaro a los mandos de la 330, José María y su "cefalea" acojonado sobre el asiento de la CG, y servidor con la Ossa y su bendito Keihin ... del que sospecho que es una copia china, como ya comentaré en otra entrada.

Y el resultado, por increíble que parezca, se puede resumir en este vídeo:




La moto fue (y lo que es más increíble, volvió) al campo por su propio pie. Arrancó siempre con pocas patadas (pese a que la mejor cualidad del dueño no sea la sensibilidad al arrancarla), no se paró al ralentí nunca (en parte porque los encendidos RM Lightning van de cine a bajas vueltas), y fue mejorando de tacto general a medida que la mañana se fue convirtiendo en tarde.

Sigue habiendo algún ruido extraño (el grupo termodinámico no lo revisamos y puede que tenga muchas holguras), el selector de cambio no creo que esté 100% perfectamente ajustado, y la carburación necesita revisarse a la vista de lo negra que sale la bujía (un clásico cuando ponemos RM Lightning en estas motos). Pero aguantó un par de horitas sin hacer ninguna cabronada.

¿Estaremos al final de un principio o al principio de un final? Es pronto para decirlo, pero de momento, la cosa empieza a pintar mejor que nunca.

lunes, octubre 12, 2015

Carburación en trialeras ... y un detallazo de Paco Mateo.

Hace unos días cambié platinos y condensador a la Cota 172 de José María, que llevaba tiempo dando guerra.  Faltaba hacer la prueba en campo, pero la sensación inicial no era mala. Y como también estaba pendiente sacar al campo la Ossa 250 con su Keihin nuevo y la 330 revisada, aprovechamos el puente para ir a nuestro lugar favorito en la Estepa y ponerlas sobre el campo un rato. Ahí están las protagonistas de la mañana:


Antes de salir al campo, las tres arrancaron bien, en una mañana con lluvia fina que nos dejó la tierra mucho más asentada que en nuestra última salida y un frescor que se agradece para pilotar un rato. Como diría alguno de los amigos, una mañana eminentemente trialera, en la que terminamos teniendo un sol de otoño la mar de agradable, que permitió guardar los chubasqueros y montar casi en mangas de camisa. De esos días donde todo parece diseñado para disfrutar y relajarse un rato.

La protagonista fundamental de la mañana (por ser la moto que más coñazo ha dado a su dueño con la única excepción de la bendita "Cojones Grandes") se portó mejor que bien, como acredita esta foto, en la que puede apreciarse un detalle de lo más clásico: el destornillador de carburar montado en el agujero del respiradero de la gasolina:


De hecho, creo que quedó "casi" perfecta, porque tiene un único inconveniente: si la paras mucho rato, hay que volver a desbordar el carburador para que la moto arranque, lo cual es síntoma evidente de falta de gasolina, que habrá que comprobar en la próxima salida.

Yo no estaba al tanto del tema, pero hubo dos series de Cota 172, correspondientes a los años 1.975 y 1.976. La de JM es la segunda serie, a la que corresponde un carburador Amal 620/403 con 100 de alta, 30 de baja aguja U en emulsor 106-A y una campana de 3,5. Si hubiera sido la segunda, sería un 620/406 con 90 de alta, 35 de baja y 105 de emulsor. Me encantaría saber si la diferencia se debe a un cambio en la distribución del cilindro, o a simple optimización de la carburación ... y me preocupa lo del emulsor 106-A porque no tengo recambio, y ni siquiera sé qué significa la "A", que sólo existió en los Amal de Arreche. Sé que en la escala 105 es más seco y que la mayoría de las trialeras van con 106 y 107.

Otro ejemplo de carburación peculiar ha resultado ser la Ossa TR 80 250, que trae de serie algo tan inusual como un surtidor de baja de 15 y una campana de corte 1. Ninguna otra trialera española usa unos ajustes tan bajos, aunque afortunadamente se pueden encontrar recambios en Amal UK.

En este momento estoy peleando con ella y su Keihin, donde los ajustes que me salen tienen poco que ver con la carburación de fábrica ... cosa que me preocupa porque debe ser que me estoy equivocando mucho.



Habrá que volver sobre ella para ver si la dejamos perfecta, que es lo suyo. Y eso supongo que debería incluir darle un repaso de pintura a la horquilla, que está horrorosa de fea con la pintura blanca que lleva. Y desde luego, a los mandos. Los puños Cagiva que trae de Italia no son nada cómodos y las fundas de los cables están fatal, lo que hace errático el tacto de los mandos. Nada que no pueda solucionarse con una visita a Calleja y un rato  de taller, pero hay que hacerlo.

Y aunque lo deje para el final, lo primero que hice este fin de semana fue ponerle a la Cota 304 una horquilla que me ha regalado Paco Mateo. Sí, justo, el Paco Mateo que diseñó la Impala con Leopoldo Milá y fue el mecánico responsable del equipo de trial en el mundial durante muchos años. Por una serie de casualidades del destino que algún día os contaré, tengo buena relación con él. Y el otro día, preguntándole cómo demonio hacían para poner los anillos de teflón a la horquilla de la Cota 304, me contó que tenía en su casa la horquilla con la que corrieron con ésa moto, y que me la regalaba. Imaginad la cara de tonto que se me quedó: ¡una pieza "pata negra" en mi humilde 304!

Y tal como la recibí la monté:


También viene pintada en blanco (como luego terminó yendo en las 307) y necesitará algún retoque para quedar bien. Pero, de momento, me deja una gran sonrisa en la cara cada vez que miro la moto.

¡Gracias, maestro!

domingo, octubre 04, 2015

Carburadores japoneses ... y no japoneses.


Desde que José María prestó su Cota 330 a un alemán para Robregordo, la moto no había vuelto a usarse, con la excepción de un fin de semana aislado hace más de un año. Muerta de aburrimiento la pobre mía, se negó a arrancar cuando su propietario lo intentó hace no mucho ... justo antes de que se viniera a pasar una temporada a la Estepa. Y como me daba una pena grande, decidí que este fin de semana era un momento tan bueno como otro cualquiera para dedicarle un rato sin nadie que me distrajera. Porque, cosa rara, este domingo me fui solo, y sin más plan que ver qué hacía con la Ossa naranja que dejé a medias el fin de semana pasado.

Pero empecé por la 330. Que le tengo cariño a esa moto, como si hubiera corrido varias veces a su lado, portándose siempre como una auténtica bendita.

Primera comprobación: la chispa es estupenda. Segunda comprobación: la bujía está seca como un esparto ... cosa que achaco a la falta de gasolina en el depósito. Pero después de ponerle un par de litros de mezcla fresca, aquello sigue sin ir. Afortunadamente, el Mikuni que le pusimos hace años es fácil de manejar gracias a su pequeño tamaño, lo que facilita acceder a la cuba, que está completamente vacía. Abajo podéis ver lo bien terminados que están los VM por dentro:



Pongo un tubo de gasolina en la entrada del carburador, soplo y no hay pulmón en el mundo que mueva el flotador, que está atascado. Así que todo para fuera, limpieza a fondo, soplado de los conductos con aire comprimido, montaje y ...

video

A la segunda patada la moto arranca como un reloj y mantiene el ralentí como si la acabaran de poner a punto en el mejor servicio oficial de la época. Asunto cerrado y a la siguiente. Que, casualidad del destino, es el otro carburador oriental que vive en mi garaje manchego: el Keihin de la Ossa TR 250 que dejé a medio ajustar el fin de semana pasado. Al que cambio el chiclé de baja de 35 por uno de 48, tal como había leído en un foro británico:


Realmente cómoda la disposición de los chiclés del Keihin. Y la cuba sale con dos tornillos nada más, aunque para cambiar el de alta se puede hacer retirando una tuerca grande que cierra la cuba por abajo, como también sucede en el Mikuni de antes. 

Ya que tenía la moto sobre el elevador, aproveché para ponerle un botón de paro. Curioso que el modelo de abajo "sólo" cueste 8 euros en Calleja, cuando el del capuchón de goma de toda la vida (de peor aspecto y que viene sin cableado) sale por 11 euros largos.


Con eso dejamos lista la Ossa para irse al campo a probar una mañana entera, que será el modo de asegurarse por completo que la carburación va bien. Imagino que saldré con un par de chiclés de alta y baja en el bolsillo para comparar, pero la moto va ya lo suficientemente bien como para que no dé lata a un niño o un amigo poco experto, que son los destinatarios lógicos de la TR 250, que es dulce y sencilla de manejar.

Viendo que la cosa iba en racha, pensé que valía la pena intentar el doble salto mortal con tirabuzón, y ver si era capaz de poner en marcha la Enduro 125 L de José María, que también dormía el sueño de los justos en la Mancha desde tiempo inmemorial. Más concretamente, la moto no arrancaba desde el 16 de Marzo de 2012, como se puede comprobar en el blog de JM. Hoy seguía dando chispa pese a una bujía inadecuada (algún artista le había puesto una BPR6ES en lugar de la B8ES que debe llevar). Lo curioso es que la moto no arrancaba ni a tiros ... también por falta de gasolina, como en la 330. 

Desmontado el carburador me encuentro con que la altura de la boya estaba reglada exageradamente baja, de tal modo que cerraba el paso de gasolina nada más poner la cuba. Arreglado esto, arrancó bastante fácilmente, aunque tira aceite por el escape de una manera escandalosa y se ahoga de una forma exagerada. No sé si será cosa de los retenes de cigüeñal, pero habría que revisarlos para estar seguros de que la carburación no está siendo interferida por entradas parásitas de aire y/o aceite.

En cuanto tengamos una junta y los retenes saldremos de dudas. Ojalá sea pronto, porque en lo poquito que le he podido probar, la moto tiene pinta de ser muy divertida cuando vaya bien.

domingo, septiembre 27, 2015

Una de Moto Revue y otra de condensadores y carburadores en trialeras

Una de las consecuencias curiosas de la Impalada 2015 ha sido que la historia de los dos chalados que se fueron en mitad del temporal a Barcelona, terminó saliendo en algún medio de comunicación del motor. Alguno de ellos tan querido para mi como el Solo Moto (que empecé a leer siendo un chaval de 12 años en casa de mi abuela gracias a mis tíos, que lo compraron desde el primer número) y otros que me son menos familiares como "Motor Clásico", en cuyo número 325 parece ser que lo comentan, aunque no tengo el recorte.

Pero debo admitir que me ha hecho especial ilusión la aparición en Moto Revue Clásico. No por el hecho de que no sea una revista española, sino porque el que firma el artículo es el bueno de Manel Garriga, compañero del Moto Club Impala, impalero a lomos de una 175 Sport y, sobre todo, autor de la película documental sobre la Impala a cuyo estreno tuvimos el privilegio de acudir este año con otros amigos del MCI durante los días del Retromóvil de Madrid.

Al acabar la Impalada Manel me pidió charlar un rato sobre mi vida como impalero, y al final se ve que decidió incluir "mi ficha" como uno de los ejemplos de impaleros que incluyó en el reportaje. Sé que no es la mejor elección posible, y se me ocurren muchísimos compañeros que tienen una trayectoria muchísimo más amplia que la mía, pero me alegra mucho que me eligiera ... aunque sólo sea porque gracias a ello tengo una foto que me recuerda a un día tan agradable como fue el de la edición de este año que, sin duda, será una de las que con más cariño recuerde. No en vano será recordada como "nuestra primera vez" por José María y por mí. La primera vez que nos atrevimos a hacer un viaje con las motos, y -por eso mismo- el prólogo de los que Dios quiera que vengan a continuación.

En fin ... espero que me perdonéis la introducción, pero uno también tiene su corazoncito.

Y saltando en el tiempo hasta este fin de semana ... y con ánimo de que Nacho compruebe que el tiempo en la Estepa es mucho más largo que en cualquier otro sitio, os cuento las últimas chapucillas hechas sobre alguna de las trialeras ligeras.

La primera de ellas ha sido la Cota 172 de José María. Que, como él mismo dice, es la hija pequeña de la Cojones Grandes ... al menos si juzgamos por los disgustos que ha dado a su dueño desde que la tiene.

La moto llevaba unos meses en casa, pero no se le había hecho nada desde bastante tiempo atrás. Y el caso es que (según dicen los dueños de los talleres por los que pasó) se le habían cambiado platinos y condensador varias veces sin que con ello la moto dejara de dar fallos de arranque aleatorios al cabo de los pocos días de haberse terminado de arreglar. Supongo que por eso fue por lo que tiempo atrás metimos mano a la carburación, pensando que de ahí podía venir el fallo.

Ayer intenté arrancarla sin éxito alguno inicialmente. Y al ver que la chispa tenía mala pinta, decidí que merecía la pena sacar el volante y comprobar el estado de los platinos. Lamentablemente no hice fotos, pero estaban sorprendentemente picados para el (supuesto) poco uso que tenían el condensador y los mismos platinos. Así que decidí cambiarlos por unos fantásticos Kontact (mucho mejores que los Motoplat), y poner un condensador de electrónica sin ni siquiera retirar el original.


En la foto de arriba podéis ver el lugar donde dejé el condensador: masa sobre uno de los tornillos de la bobina de alta y el otro polo directamente a la entrada de la bobina de alta, sin complicarme la vida. Hecho eso (y ajustado el avance a su valor de fábrica) la moto arrancó bastante bien pese a que la gasolina que llevaba en el depósito era casi tan clásica como la misma moto.

Con este primer éxito en la mano me decidí a hacer algo que estaba en cartera desde hacía un par de años: poner en la Ossa TR80 250 un carburador moderno para ver si con ello eliminaba el molestísimo retardo al acelerar que tenía la moto desde que la puse en marcha. Para ello había comprado un juego de chiclés de alta ... y olvidado comprar el de baja.

Pese a que el carburador tiene la entrada de gasolina en el lado opuesto al grifo ...


... la gasolina llega bien y la moto arrancó aunque muy acelerada. La calé rápidamente y comprobé que el cable se quedaba corto para el nuevo carburador. Nada que un rato de Dremel con tiento y paciencia no puedan arreglar sin desmontar el cable siquiera. A partir de ahí, la moto mantuvo razonablemente el ralentí, y marchó bien con el 125 de alta que le dejé instalado. Pero me da la sensación de que va corta de gasolina en baja, y no dispongo de momento de un juego de surtidores para hacer pruebas. Habrá que pedirlos para un fin de semana siguiente, porque la moto ya parece otra directamente, y me apetece dejarla operativa porque es un cacharro que me trae buenos recuerdos.

Satisfecho con el éxito, abordé el último lío de la jornada, que era repasar la Cota 304, que volvió del campo fallando en caliente más que una escopeta de feria. Imaginad qué punto de partida usé para el caso ...


... condensador de electrónica regalo de mi socio Ramón, que entró en el hueco de la pipa del chasis, que parece como si lo hubieran diseñado para estos fines:


Y de nuevo, tras ajustar avance, la moto arrancó perfectamente y me permitió dejar de nuevo la carburación estable, bajando el ralentí exagerado que le dejé para que mi hija no tuviera problemas con ella el último día que la usó.

Así que día provechoso, si le añadimos que también retoqué el caballete de la Impala Turismo, que está un poco vencido y no sujetaba bien la moto. La verdad es que hay días en que da gusto como rueda todo. Incluso me ha dado la cabeza como para apuntar las faltas de material que hay en el taller para reponer antes de que me puedan dejar parado en mitad de una reparación.

Dios mediante, el próximo fin de semana terminaremos la carburación de la TR 250 y nos iremos al campo a probarla en compañía de la Cota 172. Sería una delicia dejarlas en estado de revista porque son motos ideales para iniciar en el trial a los amigos menos expertos ... o a los amigos de mis hijos.

Las Montesa Gran Turismo

Como sabréis los habituales de estas páginas, este mes de Junio tuvimos la suerte de poder acudir a la Impalada 2015 con las motos. Y la excursión sirvió no sólo como divertimento, sino para darnos cuenta de que nuestras motos son capaces de hacer muchas más cosas de las que podíamos sospechar sus propietarios. Sí, ya sé que todos hemos leído sobre la Operación Impala y sobre cómo estas motos fueron capaces hace 50 años de recorrerse África de abajo a arriba sin mayores problemas. Pero uno lee esas cosas y no les encuentra relación con la Impala que tiene aparcada en el garaje ... hasta que un día se decide a ponerla a prueba.

Y lo malo de hacerlo, es que la moto te enamora, porque la experiencia del viaje en compañía y disfrutando del paisaje nos lleva mucho más allá de donde teníamos previsto ir. Y te quedas con ganas de repetirlo a la primera oportunidad.


Así que, como Fernando y Nacho decidieron devolvernos la visita a Madrid, encontramos una excusa estupenda para echar las motos a la carretera de nuevo. La idea era tan simple como acercarse a Sigüenza a recoger a los que llegaban de Barcelona para acompañarlos hasta Madrid. En total unos 300 kilómetros por carreteras secundarias que, como os podéis imaginar, son un chiste para nuestras montesitas.

Quedamos a las 9:30 de la magna para repasar el plan, pero cuando me dirigía ya al punto de encuentro, recibo una llamada de José María que me cuenta que se le ha fastidiado el cable de gas como a un kilómetro y medio de destino. Le sugerí que intentara cubrir la distancia tirando del cable de gas, y afortunadamente funcionó, con lo que fue cuestión de un cuarto de hora comprobar que el único problema es que se había soltado el prisionero ... lo que convirtió la reparación en una chorreada absoluta que pudimos hacer con las herramientas que llevábamos en la caja ... y los benditos guantes de nitrilo que siempre llevo en la moto y que nos evitan acabar con las manos como cerdos cuando te pasa una cosa de este estilo. Por si fuera poco, los guantes ayudan a inmovilizar el contenido de la caja para que no suene. Todo son ventajas. :-)


A partir de ahí, gasolina y gas para intentar llegar lo más rápido posible al final de un horizonte que en Castilla siempre queda lejano:


Precioso día de final de verano, con una temperatura ideal ...


... y paisajes conocidos desde la Impalada, pero que no me canso de mirar ...


... hasta que llegamos a Sigüenza, en cuya plaza mayor nos esperaban Fernando y Nacho con la Texas y la Sport con que salieron el día anterior de Barcelona.


Toda una diferencia su viaje y  el nuestro. Supongo que el resumen es que un arquitecto y un ingeniero planifican de modo diferente a un economista y un abogado. O más sencillamente, planifican. No os podéis imaginar la precisión con que habían medido paradas, distancias, puntos de aprovisionamiento y previsto casi cualquier incidencia posible. Aunque, como luego se verá, Dios protege más a los imbéciles que a los planificadores.

Abajo reportando en Sigüenza ... el origen del único problema tonto que hubo en el viaje.


Desde allí nos acercamos hasta Jadraque, pueblo donde por alguna razón mi GPS siempre propone una ruta absurda por una carretera infernal de baches, pero donde en esta ocasión nos paramos a comer para cortar un poco el viaje. Deliciosa la tortilla de patatas con cebolla que aparece en la foto. No sé si justifica la visita por si sola, pero nos supo a gloria acompañada de unos pinchos morunos. Curiosamente, estando en la terraza apareció una MV Agusta moderna que aparcó junto a nuestras motos ... con lo que consiguió que nadie le hiciera ni puñetero caso. Las fotos que se dispararon allí fueron todas para el grupo de ancianas con su equipo de viaje.


Terminada la comida (y el intento del GPS de volvernos a meter por el camino de cabras de Jadraque), nos pusimos en marcha, disfrutando de la carretera y la compañía. Pasamos por Fuencemillán, que no formó parte del recorrido de nuestra ida en la Impalada ...


... y tuvimos que parar a cambiar una bombilla en Uceda. Curiosamente una bombilla que Nacho recordaba haber cambiado ¡30 años atrás! en Mallorca, y cuya defunción -que imputamos inicialmente a un sobrerégimen- se debió a un cable pelado en el interior del coco del faro. Descanse en paz.

Como no puedo resistirme, os pongo la foto de la caja de herramientas con que un ingeniero viaja en una Impala. Es impresionante:


Entre otras cosas, no menos de ¡9 bombillas de posición! y una cantidad de llaves que nos hubieran permitido poner el Sputnik en órbita de nuevo si nos hubiera caído en lo alto. Y conste que lo que se ve en la caja roja es sólo una parte del material que transportaban, porque había más cosas distribuidas por el resto del equipaje.

Pero, como os decía antes, tanta planificación hace que Dios no esté tan atento a los ingenieros como lo está con los imbéciles que nos echamos a la carretera sin haberlo pensado demasiado. Por eso se produjo el único incidente tonto del viaje, cuando Fernando se quedó sin gasolina en la Texas. Si en lugar de medir con precisión los cc de aceite que necesitaban los 4 litros exactos que pusieron en Sigüenza hubieran llenado el depósito entero y echado el aceite a ojo, no había pasado.

Conclusión: ¡¡Improvisar es bueno!! ... como Nacho debe haber aprendido.

Poco más que contar sobre el día de paseo con las motos, excepto que nos supieron a poco los 300 kilómetros, y estamos valorando si acudir a la Montesada desde Madrid para devolver la visita a los dos interfectos de la imagen de abajo.


Seguiremos informando.

domingo, agosto 30, 2015

Las Impalas también son para el verano

Dice Miguel de Motril (toda una leyenda en el Moto Club Impala porque debe ser el socio que más kilómetros hace cada año) que "Las Impalas también son para el verano".

Y como modo de cerrar Agosto con bien, y de darle un homenaje a la más viajera de mis Montesa, pensé tomarle la frase prestada para titular esta entrada.

Como os conté hace ya tiempo, fue mi hijo el causante de que empezara a llevarme el carrito en vacaciones, para poder transportar su CBR 125 a Chiclana, que es el lugar donde veraneamos desde hace 47 años. Y aunque el primer año no me llevé una moto para mí, el verano pasado me animé a montar la Impala 2, por aquello de probarla un poco antes de la Montesada y asegurarme al 100% de que estaba en condiciones.

Desde entonces hasta hoy han pasado un año, bastantes kilómetros con ella, y me ha provocado un montón de sonrisas. No sé si es la moto que más feliz me haya hecho, pero no anda muy lejos. Así que, de nuevo, la subimos en el remolque a principio de Agosto. Si miráis el maletero del coche, van cuatro cascos, que no es poca cosa.


Y como siempre, la moto ha dado muchísimo juego. Lo mismo vale para una visita Sancti Petri sin tener problemas de aparcamiento ...


... que para ir a ver anochecer en la playa de la Barrosa con la familia, pudiendo dejarla casi metida en agua ...


Pero además, la moto es una especie de imán para la gente. Es raro dejarla aparcada y no encontrarte con gente mirándola al volver, cuando no es con una persona mayor que te cuenta que tuvo una como ella. Probablemente mis dos Impalas (junto con la Norton) han sido las dos motos que más charlas inesperadas me hayan proporcionado.

Y cada vez lo entiendo mejor, porque son motos que marcan. Todo el que la ha tenido termina prendado de su sencillez, su fiabilidad, y su simplicidad. Por no hablar de lo sencillo que resulta repararlas con pocos medios, y con esto aprovecho para contar la anécdota del verano.

Antes de llevarla a la playa, le abrí el motor con idea de encarar transfers, aprovechando que iba a montarle un carburador de 27 milímetros regalado por "carpintero de castro", un buen amigo del foro de La Maneta. Así lo hice, cosa que la moto agradeció con una respiración más limpia en altas, pero se ve que no probé con la suficiente paciencia el reglaje del selector de cambio. Y el resultado fue que la primera velocidad saltaba a veces ... especialmente, cuando mi mujer se subió por primera vez en la moto (ya sabéis que la Ley de Murphy es inexorable). Así que decidí que había que arreglar aquello, no sólo porque quería seguirla usando, sino para probarla bien de cara al 11 de Septiembre en que José María y yo acompañaremos a dos buenos amigos desde Sigüenza a Madrid con las Impala.

Pues, dicho y hecho. En lugar de elevador usé un par de ladrillos para desnivelarla y recoger bien el aceite de la primaria (el recipiente fue un vaso de plástico grande), y con sólo un destornillador plano y una llave de 10 milímetros conseguimos dejarlo perfectamente reglado.

Eso sí ... también la experiencia me sirvió para comprobar que la llave de bujía de la dotación original de herramientas no vale para nada, porque tropieza con la bobina de alta. Menos mal que me he dado cuenta ahí y no en mitad de la calle, porque ponerme a retirar el depósito en una acera de Madrid puede ser un show importante.

En fin, queridos, que hay que animarse a darles caña a las Impala en Agosto, y que -Dios mediante- el día 11 empezamos el nuevo curso con 300 kilómetros adicionales para las motos rojas. Ya os contaremos qué tal va la cosa.

lunes, julio 27, 2015

Cables por doquier

Hace un par de semanas me llevé a la Estepa la Impala Turismo, a la que no hacía ni caso desde hace más de un año. La culpa la hemos tenido, a medias, la Impala 2 y un servidor. Desde que llegó la 2 a casa todo ha sido trabajar con ella, y la pobre granadina se había quedado en el almacén de Snacksano en Madrid, de donde le quité el tubo de escape para ponerlo "provisionalmente" en su hermana moderna.

Y como pasa tantas veces, lo provisional se alargo por algo más de un año, y la moto quedó allí, en un rincón, sin escape, y con un encendido electrónico en versión "beta 2" que debía cambiar porque, entre otras cosas, el sensor no tenía caja protectora, los imanes codificadores de señal seguían pegados con Araldit en el volante ... ¡¡desde 2012!! y la placa del encendido iba suelta y sin caja en el interior de la caja de las herramientas de la moto. Mejor un par de imágenes que mil palabras.

En la foto de abajo, el sensor en su versión inicial, con los dos pegotes de Araldit con que Ramón pegó los imanes en Marzo de 2012 sobre el volante de mi Impala:


 Y -más impresionante todavía- el "proto mk2" que llevaba mi Impala saltando libremente en la caja de herramientas. Fijaos en la chapa de la parte inferior de la foto. No es una chapuza, sino un sistema para disipar el calor.


Pero eso era sólo una parte del más que peculiar sistema eléctrico de mi moto, donde los cables también eran atípicos ...


... como consecuencia de que Ramón me rebobinó el volante a 12 voltios, puso un regulador para evitar fundir bombillas, y saneó el cableado del volante hasta la caja de conexiones, montando un esquema que poco tiene que ver con el original, porque en mi moto ya sólo vienen dos cables desde el státor: uno rojo de la bobina de alimentación de los platinos y uno azul que da un montón de amperios para tirar de las bombillas de 12 voltios previo paso por el regulador.

Y así estaban las cosas cuando la semana pasada empecé a rehacer toda la instalación del encendido para sustituirlo por el nuevo CDI Digital bicurva que estamos empezando a vender en RM Lightning; un encendido más avanzado, mucho más bonito técnicamente, y con posibilidad de ser reprogramado en alguna de sus versiones más avanzadas.

Abajo podéis ver el sensor nuevo en el volante de la Turismo, justo antes de empezar a sudar la gota gorda metiendo los cables por sus fundas protectoras para llevarlas a la zona bajo el asiento.


Al final, tras mucha paciencia y un poco de talco, quedaron los cables enfundados y en su sitio. Y la moto arrancó a la segunda patada tras tanto tiempo parada. Tiene un sonido redondo, limpio, y una subida de vueltas muy rápida. Aunque -también es verdad- es una Turismo con retoques (culata rebajada, agujeros de cigüeñal tapados y carburador más grande). Tengo curiosidad por meterla en carretera y probar a ver hasta donde llega ahora con la curva optimizada que estamos montando en los nuevos CDI.

Lástima que estemos sin ITV ni seguro. Habrá que esperar a la vuelta de verano.

miércoles, julio 22, 2015

Extractor de machos de roscar rotos

Son tantas las meteduras de pata cometidas a lo largo de los años, que empieza a darme pudor dejar constancia de todas ellas. Igual es porque voy cumpliendo años y me empieza a preocupar la imagen que voy a dejar en mis hijos si no sólo cuentan con sus recuerdos, sino que tienen el recurso de constatar que su padre era un desastre también para él mismo.

Pero como esta vez ha sido un error que puede ser útil para algún cliente de RM Lightning, os cuento el avance de solución (crucemos los dedos) que espero aplicar este fin de semana.

El error fue simple: rompí un macho M3 en el interior del volante de la Impala Turismo cuando roscaba para ponerle un disco de imanes de RM Lightning. Los machos son de un acero duro pero quebradizo, el volante de un acero durísimo, y la operación de rescate cualquier cosa menos sencilla. Tanto, que empezaba a pensar en la posibilidad de dejar el macho allí y, simplemente, pegar el disco en su sitio.

Pero me puse a buscar sobre recuperación de machos en internet, y terminé mirando un artículo en el foro de Metal Afición donde me referenciaron a un catálogo donde aparecía un extractor específico. Así que visité la web de Celesa (el distribuidor del producto) y les pregunté por un vendedor en Madrid. Contestaron rápido y me dieron el contacto de S. Alonso, en la calle Río Ulla 1, esquina Alcalá trescientos y pico. Allí estuve esta mañana recogiendo el invento, que se ve tal que así:


Tirando del hilo, es un invento americano de una compañía llamada Walton Tools, que tiene una web donde explica el principio de funcionamiento, que es muy simple: http://www.waltontools.com/products/remvtap.htm

Se trata de introducir las láminas que tiene el extractor en los canales del macho roto, bajar el cilindro hasta tocar con la pieza donde se partió, y girar en ambos sentidos para liberar el macho antes de extraerlo girando hacia la izquierda.

La teoría es simple ... ya veremos el sábado si funciona. :-)

EDITADO EL LUNES 27 DE JULIO

Ignoro si en machos de roscar de tamaños superiores el método es efectivo, pero puedo dar fe de que en los de pequeño tamaño, es imposible utilizarlo. En mi caso, no hubo modo de introducir las láminas en los canales del macho roto. Pero ni una sola de las tres, por más que lo intenté de mil modos diferentes. Así que, salvo que tengas un tipo de masoquismo muy específico, NO compres este cacharro, que es perfectamente inútil.

martes, julio 07, 2015

La primaria y el selector de la Impala 2 (ya era hora darle un repaso a la pobre moto)

Como ya os conté en entradas anteriores, la Impala 2 se portó como una campeona en la Impalada 2015 pese a que el "repaso previo" que le di consistió en un simple cambio de aceites y comprobar que la bujía estaba sana. No es mucho como aperitivo a tantos kilómetros.

Pero lo peor es que tampoco le había hecho gran cosa desde que llegó a casa. Una limpieza y ajuste de la horquilla, un cambio de escape y carburador, un grifo de gasolina que falló en verano de 2014, el cable del gas que también cambié en Chicana, y para de contar. En mitad de esto se ha estado usando a diario (alternándola con la GS 1200), se he empleado para pruebas con los encendidos electrónicos en el banco de potencia de los Vitale, y ni siquiera se había limpiado a fondo.

Así que, como tenía un fin de semana completo para dedicar mucho rato al taller, decidí que me la llevaba a la Estepa y le dedicaría un tiempo a hacerle un poco de repaso más en profundidad. Mi idea era encarar los transfers del cilindro con los del cárter y -ya que abría motor por la mitad- cambiar los retenes y los cojinetes que estuvieran en mal estado. Además, aproveché para llevarme al taller la Tusimo, porque quiero ponerle un encendido RM Lightning nuevo, que aún sigue con el prototipo.



Lo primero que me encontré fue con un mogollón de tierra en los bajos del motor:


No sabría calcular de qué cosecha, pero incluso había una piedra incrustada entre los tubos del chasis donde la simple cuna se une con los tubos laterales bajo el motor. Consecuencias de no haber querido sacar el motor del chasis el año pasado, supongo. Pero el resultado de tanto tiempo sin atención ha sido una pasta verdaderamente repugnante, a la que no había afectado ni el diluvio que nos cayó en lo alto durante el último viaje. Pero hay más: también por dentro del motor la limpieza brillaba por su ausencia. Como botón de muestra, el alojamiento del encendido electrónico:


Así que aproveché para darle cuarto y mitad de brocha, disolvente, lavadora de piezas y de todo lo que hizo falta para que la cosa quedara más digna antes de destriparla. No os pongo fotos del proceso de limpieza ni de la apertura y ajuste de los transfers porque no tiene sentido hacerlo sin fotos. Pero, como estuve solo, no había ayudante que las tomara y llega un momento en que uno se harta de quitarse y ponerse los guantes para no manchar el teléfono. O, simplemente, se concentra tanto en lo que está haciendo, que se olvida de tomar referencias.

Pero aunque no vaya a poder daros una charla sobre el encarado de transfers en la Impala 2, sí que os daré algún apunte para simplificar la apertura de los motores cuando la moto se pone tonta y no queda más remedio que abrir y cerrar varias veces. Como me ocurrió este fin de semana, que tuve que sacar el motor del chasis tres veces.

Primera idea: si eres cuidadoso y los engrasaste bien, no tienes que retirar los retenes del cigüeñal para abrir y cerrar el motor, y así no sufrirán las juntas ni las pestañas de los aros metálicos que aseguran los tornillos de los porta-retenes. En el caso del brazo derecho del cigüeñal, como el chavetero está en el extremo del eje cónico, incluso puede llegar a salir con la chaveta del encendido puesta.

Segunda idea: el selector no hay que desmontarlo completo. Recuerda que si lo haces, toca volver a ponerlo a punto para que el cambio siga yendo igual de suave que cuando salió de fábrica. En concreto, del conjunto de piezas que lo componen ...


... puedes dejar puesto perfectamente el eje del pedal de cambio y la pieza que sirve para regular su recorrido con la tuerca excéntrica. El peine y el conjunto del muelle, sin embargo, sí hay que retirarlos, porque impiden el acceso a uno de los tornillos de separación de los cárteres centrales cuando el mecanismo está en punto muerto. Siendo un virtuoso, se podría acceder al tornillo poniendo el motor previamente en 4 velocidad, pero el montaje sería más peliagudo que con el punto muerto.

Aunque, ahora que lo estoy pensando según escribo, igual la estrategia es poner 4ª velocidad (lo cual desplaza el peine a la derecha y nos descubre el tornillo de que hablo), sacar el tornillo, y volver a dejarla en punto muerto antes de abrir el cárter central, para volver a hacerlo en sentido inverso durante el montaje. Si es así, se puede ahorrar mucho tiempo y muchos disgustos con el ensamblaje de las piezas del selector que comento a continuación. Habrá que probarlo.

Ojo, hablo de tornillos y no de espárragos porque la Impala 2 -a diferencia de las antiguas- lleva tornillos M7 con una sola tuerca. Casi todas, excepto la central, con la cabeza del tornillo en el costado izquierdo del motor.

Tres comentarios sobre el selector.

  • El peine no tiene problemas de posición, dado que siempre lleva grabada en su cara exterior la raya que deberá coincidir con el punto del eje. Y eso es una pista definitiva.
  • Pero la guitarra, que va justo debajo del peine, y de la cual los manuales dicen que debe ponerse con la "M" hacia el exterior, tiene un problema: los motores más modernos (como el de mi Impala 2) no llevan la letra, así que para averiguar cómo va, se trata de montarla de modo que cuando la miremos de frente, la ranura más baja de las dos disponibles quede a nuestra derecha. 
  • En cuanto al eje del pedal de cambio que soporta el conjunto de selector, muchos manuales copian como papagayos el dibujo del Clymer donde nos cuentan que tiene dos partes asimétricas, lo cual no es cierto, y nos complicará la vida. Lo que sí tiene son dos medias lunas de distinto tamaño en su centro (eso es, justo donde vemos la parte central del muelle que presiona las uñetas), de las cuales la mayor debería ir hacia abajo. Justo al contrario que como en la imagen (que fue uno de mis errores de este fin de semana):


Aunque también está la pista del desgaste del eje en el otro extremo. Si lo montaron sin el protector de goma o la cadena se lo comió, la parte desgastada del eje debe mirar hacia arriba.

Pero lo que me dio una lata tremenda fue la primaria. El embrague en concreto. Y de un modo extrañísimo, que supongo relacionado con el nivel de embotamiento que llevaba mi cabeza este fin de semana. Aunque no sé si excusarme con que han sido días de calor extremo y en el taller no tengo ni un ventilador. He sudado a chorros, la verdad.

Fin del preludio térmico y vuelvo al embrague, para que se vea con claridad el tipo de torpe que estaba yo hecho en mitad de mi parrilla manchega.

La primera vez que cierro motor me encuentro con que la moto no hace amago de arrancar porque se queda embragada. Alucinante. Y me da por pensar lo más complicado, calculando que igual debí medir el juego axial de los ejes de cambio desde cero por si la junta central que había usado era distinta, pensando (que no tiene nada que ver) que igual el nuevo juego hace que el embrague se quede pillado.

Motor fuera de nuevo, lo abro en canal y compruebo que no hay problema con las arandelas de reglaje (eso sí, consumiendo horas y poniéndome de pringosísimo SAE 90 hasta las cachas). Cierro motor y cambio el empujador de bronce por uno más corto por si eso pudiera ayudar. Pero como era sábado muy tarde, dejo la moto sin montar del todo creyendo que estaba solucionado.

El domingo por la mañana, montado el motor, me encuentro con que arrancar arranca, pero haciendo un ruido de roce de la maza de embrague con el cárter, que cesa cuando cojo la maneta de embrague y vuelve cuando la suelto una vez puesta una velocidad. Poltergeist puro. Así que saco el motor otra vez, y ya puesto, vuelvo a abrir cárter central en canal para ver si había pasado por alto alguna cosa por allí dentro (que hay que ser imbécil, como luego veremos).

Por hacer el cuento corto, cierro de nuevo el cárter central y -con el motor sobre el soporte de trabajo- empiezo a ver qué diablos puede estar pasando para que roce la maza de embrague con la tapa del cárter. Venga combinaciones de empujadores y trípodes, y venga frustración. Mejor no os cuento todo lo que probé para no quedar aún peor de lo que ya estoy quedando.

Al final ... ¡bingo! ... era una estupidez. Tan tonta como que el problema estaba en que en todos los montajes previos había dejado la maza de embrague demasiado separada del cárter, porque me daba pena darle unos golpecitos con la maza de nylon a un motor que está tan nuevo como el de mi Impala 2. Los ejes estaban perfectamente en su sitio, pero a consecuencia de no estar la maza en su posición por no golpearla, el conjunto de embrague estaba muy hacia fuera, y cuando el empujador y el trípode no actuaban, los dientes de la maza rozaban con uno de los nervios internos de la tapa del cárter.

Para habernos matado, que decía el anuncio de La Casera.

Pero al final, quedó bien. La moto suena maravillosamente sana de motor, y sólo me falta probarla a fondo para ver si se nota el ajuste de los transfers que le hice el sábado. Que tampoco me preocupa mucho, la verdad, porque anda de sobra para el uso que le doy.

Bueno ... todo quedó bien menos mis manos. Hacía mucho tiempo que no tenía tantos cortes, moratones y piel arrancada como tengo hoy. Que hasta me duele el dedo gordo cuando pulso la barra espaciadora al escribir.

Y releído lo escrito, dos conclusiones: tengo que hacer más fotos, y creo que debería escribir una guía sobre cómo desmontar eficientemente un motor de Impala. Igual a alguien le es útil.

sábado, junio 27, 2015

Nuestro tatarabuelo, Diógenes.

Anoche estuve cenando en casa de mi primo Alfonso. Creo que casi podría haber dicho que cené en casa de mi primera mujer, puesto que fue la primera persona con quien compartí una casa que no fuera la de mis padres. Hablo del año 1989; yo estaba en Madrid haciendo mi Master, y mi primo se vino a hacer la carrera, con lo que acabamos viviendo juntos durante dos años largos. Probablemente dos de los años más felices de mi vida: sin preocupaciones, sin presupuesto, sin nadie de quien ocuparme, y con dos motos aparcadas en la puerta: la Ducati Desmo que me traje de Córdoba y la Guzzi Le Mans III que compré en cuanto empecé a ganar dinero.

Por aquella época yo no tenía coche. Ni lo quería. Con mi Guzzi iba y venía de Córdoba a Madrid, o incluso de Cádiz a Madrid durante los veranos. No fue hasta mucho después que mi suegro le regaló a mi mujer un Seat Ibiza. O me convirtió en chófer, no sé. El caso es que, desde tiempo antes de llegar a Madrid, tenía una chaqueta Mototécnica de las primeras que llevaron componentes especiales: una chaqueta con Thinsulate. Y para cruzar la Estepa en invierno la complementé con un pantalón de la misma marca, unos guantes con el mismo material, y unas botas BMW Gore-Tex que aún conservo.

Cuando me casé y abandoné aquel remanso de paz que fue mi apartamento de soltero, quedaron atrás muchas cosas. Entre otras, el pantalón y la chaqueta que regalé a mi primo porque empezaba a ver claro que una Guzzi Le Mans no se podían transportar las veinte bolsas dispersas en que a mi mujer le gustaba meter el equipaje para un fin de semana. Cinco años de matrimonio me costó hacerle entender que la ecuación "1 maleta grande = 15 bolsas pequeñas" era real. Pero tampoco eso me arreglaba nada y mi vida como motero de largos recorridos sufrió un parón que duró hasta esta última Impalada.

Me pierdo con la emoción.

El caso es que hace un par de veranos, al contarle a Alfonso lo que estaba disfrutando con las Impalas, me comentó que en su última mudanza había aparecido el pantalón Mototécnica, y que me lo daría cuando fuera por su casa. Pero como la vida en las ciudades grandes es un lío, no fue hasta anoche cuando llegó el momento de la verdad y aparecí por allí con ocasión de una cena entre los primos que vivimos por aquí. El resultado podéis verlo en la foto:


¡No sólo había aparecido el pantalón, sino también la chaqueta! Y además en un estado más que aceptable. No hay rotos ni desgarros y sólo necesitan una limpieza suave, recoser un poco uno de los velcros de cierre del pantalón y una mano de grasa. Para completar mi felicidad, hasta quepo dentro de ambas prendas sin parecer una morcilla de Burgos. Espectacular. Porque, si no recuerdo mal, con este equipo se podía viajar en pleno invierno con la Le Mans a cruceros que hoy día son impensables sin arriesgarte a pasar dos años a la sombra si te pilla la Meretérita.

En fin ... que es una suerte haber compartido mi vida con Alfonso. El tatarabuelo Diógenes nos legó a ambos una misma visión de la vida, donde todo se aprovecha y nada se tira. Ahora sólo falta ver si soy capaz de pulir la visera del casco Sure que usé en aquellos años y que, por supuesto, aún anda por casa. ;-)

lunes, junio 15, 2015

Impalada 2015: la història d'un viatge inoblidable (II)



Barcelona, 13 de Junio de 2015. La Impalada.

Hay quien opina que la primera vez no se olvida porque es la mejor. Pero en mi caso van tres Impaladas, y cada vez me resulta más complicado decir de cuál de ellas guardo mejor recuerdo. La primera fue especial porque llevé a mi hija mayor para que conociera Barcelona con su madre; la segunda porque era el 50 aniversario y hubo un esfuerzo enorme por traer a protagonistas de la época y revivir aquella hazaña que fue la "Operación Impala" ... y esta última porque hemos ido de la mejor manera posible, que es con las propias motos.

Pero lo que es cierto, sea cual sea la que escoja, es que en todas ellas he disfrutado de cuatro cosas que justifican por si solas la visita: "els amics" del MCI, una organización impecable, una experiencia motera difícilmente replicable en otro lugar, y una ciudad que enamora. De tal modo, querido lector, que si tienes una Impala y no pasaste por la Impalada, ya estás tardando en preparar la de 2016, y me pongo a tu disposición para contarte cualquier cosa que necesites saber. Te aseguro que la experiencia va a marcar tu vida como motorista, y que me agradecerás el consejo.

Como os contaba ayer, dejamos las motos en la calle, tras quedar con Nacho Bartlett en que se pasaría con Fernando Piris a recogernos a las 8 de la mañana del sábado 13 en Travessera de Gracia, que les pillaba de camino. Como creo que sabéis los habituales del lugar, Fernando es un bultaquista en periodo de reinserción en la sociedad, al que hemos acogido en nuestro seno. No porque sea una magnífica persona y monte en moto como Dios, sino porque los montesistas somos así de buena gente. Pero además, se sumó uno de los descubrimientos del día: Pepe Maciá, que tiene una Impala 2 (con carenado y conservada) que va como un tiro, y eso que monta el carburador de serie. Según él, es porque siempre le pone el aceite al 3% ... así que voy a tener que revisar mis creencias.

Después de darnos un abrazo todos, como corresponde al montón de tiempo que llevábamos sin vernos, pusimos a las motos y los pilotos el identificador, que es todo un resumen del nivel de organización que gastan mis amigos del Moto Club. Mirad con atención la foto:



Cada uno de nosotros recibe su identificador personalizado con el número de dorsal (que le sirve para el sorteo posterior), teléfonos de urgencia para caso de necesidad, direcciones y teléfonos de los lugares de reagrupamiento, e incluso la indicación de si preferirá carne o pescado para la comida. Omito el reverso por no sobrecargar, pero contiene un plano del recorrido previsto, junto con los atajos posibles para quienes no deseen hacer el recorrido completo. Menos mal que teníamos la información, como luego os contaré.

Total que, cargadas las motos y vestidos los pilotos, salimos para Montjuic por las calles vacías de una ciudad que aún dormitaba. Caras de felicidad en cuatro de los cinco pilotos, y un gesto extraño en la de Fernando que achaqué a que su sensible alma bultaquista se resistía un poco a dejarse llevar por la espectacular Texas que le había dejado Nacho para la ocasión.

Seguimos bajando hacia el recinto cuando, de repente, veo que Fernando se ha parado y que está subiendo l moto a la acera. "Se olvidó de abrir la gasolina", pensé. Pero al llegar a su altura lo veo doblado en un parterre, como un adolescente en mitad de una mala noche. Total, que allí quedó el desayuno de nuestro amigo que, afortunadamente, se recupera lo suficiente como para llegar al parque cerrado junto al resto del grupo.

Y una vez en Montjuic, el agradable rito de cada año, que consiste en saludar a todos los que no pudiste ver el día anterior. Y así, te paras un rato con el bueno de Eugeni Tiana, que me pasó alguna de las fotos que estoy usando en el reportaje:



Otro rato con Susanna Permanyer, tan agradable como siempre, que te cuenta que su padre no viene este año y te promete darle recuerdos de tu parte:



Y en realidad, a cada paso que das, vas tropezando con buena gente: ToniBH que se hace un selfie con nosotros y que luego publica José María en su crónica de la Impalada, Esteve a quien llamé para preguntar por la dirección en mitad de la cena, Víctor al que esta vez no vi con su mujer porque los críos atan mucho, José Antonio que nos había dado algún consejo impagable para el viaje de ida, y muchos más a los que debería mencionar porque son una parte fundamental de lo que venimos a buscar aquí.

Tantos, afortunadamente, que perdí de vista a mis compañeros de ruta, con lo que no me enteré de la evolución de Fernando hasta bastante más adelante. Que ademas, no era buena, porque parece ser que, para nuestra sorpresa y la suya propia, su cuerpo aún contenía cosas que pudo depositar en el jardín de Montjuic. Y es que los bultaquistas son un pozo de sorpresas. Pero gracias a Dios, y la previsión del MCI, teníamos una ambulancia donde le hicieron un chequeo en profundidad, le atizaron un jeringazo de Primperán como si estuviera esperando quintillizos, y le recomendaron no salir. Pero hablamos con Pep, y nos dio un consejo sabio: que si salíamos por delante de la cola de la Impalada, llevaríamos detrás un furgón que recogiera la moto y una ambulancia que se llevara a Fernando en caso de ser necesario. Que, desde luego, era una solución mucho mejor que dejarle en Montjuic sin compañía, como él pretendía que hiciéramos "para no fastidiarnos el día".

Y de aquí deriva una de las anécdotas divertidas del día. Con todo este jolgorio, los cinco que pensábamos hacer el recorrido juntos salimos muy, muy tarde. Pero hubo por lo menos otras veinte motos más que también se retrasaron. Y como no teníamos nadie a quien seguir, las dudas empezaron -literalmente- en la primera esquina de la salida de la plaza de Montjuic. Veintitantas motos esperando a que el semáforo abra, todas ellas mirándose de reojo unas a otras, y sin que nadie se atreva a arrancar cuando se puso en verde. Hasta que un cachondo mental echa su Comando a andar hacia la izquierda. Y hacia la izquierda que nos fuimos todos, como podemitas en día de votación. Pero el cruel destino quiso que no fuera ésa la dirección correcta, lo cual obligó al bueno de Pep Itchart (una de las almas de este invento, al que nunca haremos justicia por más elogios que le hagamos) a perseguirnos por las calles de Barcelona, dar un capón al improvisado führer que nos habíamos buscado, y llevarnos al redil para enfocarnos hacia la salida real.

Pero poco duró nuestro contento, porque, una vez en la autopista, el mismo espontáneo se puso a guiarnos de nuevo ... justo hasta una isleta de bifurcación de la autovía donde detiene su moto (con un par) y confiesa que no tiene la más puñetera idea de dónde ir. Pasmo general, furgoneta de Remotos tras nosotros (ya me contaréis, siendo de Toledo, qué iban a hacer los pobres excepto seguir a quien parecía saber dónde iba) con el warning puesto (que evitó que nos atropellara alguien) ... y nadie sabe qué cuerno hacer.

Total, que miro el colgante con el recorrido, veo que el primer agrupamiento es en Ullastrell, arranco el GPS y hago a mis huestes un discurso un poco menos brillante que el de Napoleón con las pirámides, pero que fue suficiente para convencerles. "Mirad, soy de Córdoba y no tengo ni idea de dónde cojones estoy, pero llevo un GPS y os puedo llevar hasta Ullastrell, así que venid detrás de mí, y os llevo, aunque no sea por el camino oficial". No pasará a los anales de la oratoria, pero fue suficiente para que el personal se pusiera en fila india tras mi moto. Todos, excepto el espontáneo de antes, que decidió "seguirme delante" como Peter Sellers a Peter O'Toole en "What's new Pussycat". El previsible resultado fue que, en la primera ocasión posible, él se fue a la izquierda mientras que el resto continuamos por la derecha. Pero lo que recordaré es la sensación de absurdo que tenía: un cordobés que vive en Madrid, y con su matrícula de Córdoba, guiando a un montón de barceloneses hacia un punto de destino. Aunque, ahora que lo pienso, no he sido el único cordobés en dirigir barceloneses. :-)

Retomo el hilo, que me pierdo.

Decía que, aunque en dirección contraria a la prevista por la organización, llegamos a Ullastrell para desayunar los que aún tenían cuerpo para tomarse algo. Y opciones había para todos los gustos, pero nada como una buena butifarra con su pan con tomate para olvidar que no habíamos desayunado. Cosa que aprovechamos de nuevo para charlar con más amigos.



... y, por supuesto, para disfrutar de otro de los momentos especiales de las Impaladas, que son las arrancadas de trescientas motos con motores muy parecidos:


video

Aquí pongo también otra foto que me encanta, por las caras de felicidad que se nos ven en la salida de Ullastrell:




Recuerdo cuando leí hace años una crónica del bueno de mi amigo Trinxol donde comentaba lo mucho que le había impresionado, en su primera Impalada, ver tantas motos cambiando de marcha a la vez en cada curva. Y es, ciertamente, una experiencia curiosa si no la has vivido: cuando sales de ruta con modelos muy distintos, cada cual aprovecha su motor como puede, pero en una Impalada, los cambios son iguales, los frenos también y el chasis el mismo ... el resultado es la sensación de que no vas en tu moto, sino que estás compartiendo una especie de rito común, donde sólo te corresponde ejecutar una pequeña parte de una partitura mucho más amplia. Es una sensación que más que resultar curiosa, engancha.

Afortunadamente, el malestar de Fernando había remitido lo suficiente como para optar por seguir en ruta con nosotros. Aunque decidimos que los cinco nos iríamos por la versión reducida, para no forzar demasiado. Y la verdad es que la idea no fue mala. Porque Nacho nos metió en un lugar llamado Mura, que es parque natural, donde primero tomamos una cerveza en un lugar que merecía una postal ...




... y luego enlazamos por uno de los paisajes más bonitos que yo conozca en Barcelona, que es la zona donde en tiempos se corría la prueba de Sant Llorenç del Mundial de Trial. Juzga por ti mismo, y dame las gracias por haber sido capaz de parar la moto (la carretera invitaba a enlazar curvas como si estuvieras bailando con la Impala) y tomar las fotos ... 





Vale la pena agrandarlas todas, porque el lugar es mágico, más que bonito. Y mágicos fueron los kilómetros más rápidos que hicimos aquel día. Nacho abriendo camino con la Sport, y los demás siguiéndole. Un disfrute, como comentábamos luego, ver lo distinto que trazaba cada uno de nosotros. Nacho abriéndose antes de cada curva, Fernando muy al estilo endurero (no sé si por orígenes o por llevar manillar alto), y el resto más "a la inglesa", manteniendo siempre el cuerpo en línea con la moto.

Y así llegamos hasta Terrassa, donde teníamos prevista la comida, la entrega de nuestras motos a Remotos para que las llevaran a casa, y la visita al Museo de la Ciencia, donde la familia Permanyer tiene parte de su colección de motos. En el hotel donde comeríamos contacté, gracias a Jaume Domínguez, con Luís Mulero, el fabricante de uno de los gadgets más útiles para estas motos que yo haya visto: una herramienta para tensar la cadena, que incorpora todas las llaves necesarias pero sigue cabiendo en la caja de herramientas. Mirad qué buena pinta tiene; es de una solidez espectacular:




Ya sólo nos faltaba la comida en sí, donde disfrutamos de la compañía de los cinco compañeros de ruta, con algún añadido agradable, como el bueno de José Antonio. Allí faltaba una de las guindas del día, que fue la entrega de premios, donde ¡nos dieron uno! Fue divertido el modo de hacerlo, además, porque no sabíamos nada. Pero, en mitad de un discurso largo en catalán al final de la comida, de pronto empezamos a oír hablar en castellano, y que el speaker dice algo así como ... "y el primer premio de este año, se lo damos a los madrileños, que con esa chulería que tienen, se han venido a la Impalada ... montados en las motos". Me cogió tan despistado, que me emocioné más de lo que es propio confesar para un fulano de más de 50 años ... así que como el blog es mío, pongo la foto de José María y me da menos vergüenza.



Es decir ... un premio inesperado, que fue el mejor de los modos para cerrar un día muy especial. Pero aún hubo más, en formato Manel Garriga, que me pide hacerme una entrevista para un artículo sobre impaleros que le han pedido desde Moto Revue. Se ve que esto de ser madrileño e impalero me convierte en personaje exótico, con lo que pasé un buen rato charlando con él sobre mi relación con la(s) Impala(s). ¡Cómo decirle que me daba vergüenza al tipo que ha hecho la mejor película sobre una moto que yo haya visto!

En fin, queridos, que esto va tocando a su fin. Pero que cuando uno lo ha disfrutado tanto, el fin es a la par el inicio de la aventura del año que viene, para la que ya tenemos algunas ideas claras. Hay tramos que vamos a cambiar, otros que mantendremos para volverlos a disfrutar, y algunas cosas que hemos aprendido, como que los pantalones del señor Strauss no están pensados para hacer 500 kilómetros en un día con ellos, o que nuestras próstatas se han ganado el derecho a un asiento tapizado en gel.

De momento, aquí lo dejamos hasta la Impalada 2016 donde, lo único seguro es que Pep, Santi, Jaume, Coro, Carles, Xavi, Susanna y el resto de los culpables, nos volverán a dejar con la boca abierta una vez más.

Muchísimas gracias a todos, amigos. Siempre es un placer compartir un tramo de nuestra vida con vosotros.

Y, por supuesto ... ¡VIVA Montesa!